Asoc. Jerez-Sierra Suroeste: Pueblos que la componen

Higuera la Real

TURISMO

Entre los lugares de interés turístico a destacar, encontramos el poblado del Castrejón de Capote ubicado en la confluencia de los ríos Sillo y Álamo, dentro de la finca rústica "Capote", de la que toma su nombre más popular, aunque se conserva en la memoria el nombre específico de este lugar, "Ciudad del Castrejón".

Protegía este castro un sistema defensivo bastante complejo, compuesto por grandes murallas de piedra y en su extremo más accesible, una fortaleza de torres de hasta 9 m. de altura construidas con aparejos de cuarcita y pizarra, y bastiones agrupados, además de un foso de 20 m. de anchura por 3 metros y medio de profundidad, que constituye tal vez un ejemplar único de esta cultura en la Península.

Se encuentra distribuido por una calle central de unos 5 m. de ancho que recorre el poblado en sentido longitudinal, y a ella se abren las casas de planta rectangular y callejones transversales. En el centro del poblado, abierto a la calle, se localizó un altar que conservaba un importante número de materiales cerámicos, unos 5.000 recipientes, gran cantidad de ellos decorados y fechados entre los siglos IV y II a.C., 130 fusayolas y objetos de hierro y bronce, además de cenizas y restos de animales, en su mayor parte bóvidos y cérvidos.

De este modo, Capote ha significado el reconocimiento oficial de la existencia de un horizonte celta en nuestra comarca, negada anteriormente por los arqueólogos, aunque recogida literariamente por los escritores griegos y romanos.

En el último tercio del siglo XVIII, Higuera la Real tenía siete ermitas de las llamadas "intramuros". Estas ermitas eran: Santa Catalina de Siena, convertida más tarde en hospital,Nuestra Señora de la O, San José, Espíritu Santo, Nuestra Señora de la Luz, Nuestra Señora del Rosario y San Agustín, hoy desaparecidas y convertidas en viviendas.

Fuera de la villa, se sitúan las de Nuestra Señora de la Consolación (en el camino de Cumbres de San Bartolomé), Nuestra Señora de las Nieves (cerrada al culto en 1.832), Nuestra Señora de Aguas Santas (al lado de la huerta del mismo nombre), San Benito (en las proximidades de la fuente de "La Torre"), y San Cristóbal (en lo alto de la Sierra de la que toma su nombre).

Todas estas ermitas, más o menos alejadas del pueblo, no debieron tener mucho uso, y poco a poco, fueron deteriorándose, hasta llegar a nuestros días en completa ruina. No obstante, al iniciarse el siglo XIX, aún quedaban en pie las ermitas de Nuestra Señora de la Consolación y la de Nuestra Señora de las Nieves, a cierta distancia del pueblo, pero en buen estado de conservación, y las ermitas del Socorro y del Loreto, situadas ya dentro del casco urbano.

La ermita de NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO es una edificación reciente, ubicada en la plaza del mismo nombre. No se puede precisar la fecha de construcción del edificio primitivo, del que no ha quedado ningún vestigio, salvo su estructura y, probablemente, la portada.

Presenta fábrica de mampostería enlucida y encalada. La portada principal tiene arco apuntado encuadrado por un alfiz, coronando la fachada una espadaña con un vano de medio punto. El interior es de una nave rectangular dividida en cuatro tramos cubiertos con bóveda de cañón reforzada por fajones y contrafuertes exteriores. La capilla mayor, de planta cuadrada, está cubierta por una cúpula e iluminada por una linterna. Alberga la imagen de la titular, obra de madera policromada del siglo XIX.

Adosados al lateral de la Epístola, se encuentran la sacristía y el coro, éste último, de reciente factura. Y a los pies, también en el lado de la Epístola, puede verse un capitel romano que, ahuecado, sirve de pila de agua bendita.

Al suroeste de la población se encuentra la ermita de NUESTRA SEÑORA DE LORETO, la construcción más primitiva de Higuera de las que se tienen referencias. De origen templario, cuya cruz resalta sobre su gótica portada, su fundación se sitúa en el siglo XIII, aunque de la fábrica original sólo se conservan las tres portadas y la capilla mayor, cuadrada y de menor anchura, cubierta con una sencilla bóveda de crucería.

El edificio está construido de mampostería enlucida y encalada, empleándose la sillería para las esquinas y los contrafuertes. A mediados del siglo XVI (1554), se realizan obras de remodelación que van a afectar al aspecto interior del templo, que va a quedar como una nave de cinco tramos con arcos fajones sobre pilastras y bóveda de cañón, restaurado en 1957. En la capilla mayor se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Loreto, del siglo XIX.

En cuanto a su contenido, lo más interesante es una lámpara de plata, de 40 cm. de diámetro, donada en 1590, según la inscripción contenida en el plato, por Blas Ramos, uno de los muchos higuereños que marchó a las Indias, concretamente a Perú, en busca de fortuna, en el año 1579.

Por delante de esta ermita aparece una pieza escultórica realizada en piedra granítica, de 1,37 m. de altura, cuyos orígenes, datación y significado resultan enigmáticos, sin que se haya llegado a concluir ninguna teoría definitiva. Así, según los autores, se le atribuyen características tanto célticas como góticas, apareciendo otros rasgos de caracter asirio, griego, romano, etc.

Se trata de una figura animalística que parece representar a un león alado, o mejor, una leona, sentada sobre sus cuartos traseros, con una criatura humana entre las patas delanteras, a la que posiblemente esté amamantando, conocida popularmente como "La Mamarracha". Esta obra se remata con una Cruz de Santiago, de factura posterior, elaborada con hierro forjado.

Próxima a la ermita del mismo nombre se erige la llamada fuente del Loreto, obra representativa del modelo circular con pilar central, propio de los siglos XVI y XVII, y muy peculiar en Extremadura. En este caso, el recipiente no es circular sino hexagonal, construido con sillares perfectamente ensamblados. En el centro se encuentra una columna sobre la que se asienta un cuerpo esférico del que fluyen doce caños, rematado en su parte superior por una figurilla de bronce popularmente denominada "Chiripa".

En las proximidades de esta fuente, se encuentran un pilar y un lavadero, todo ello conformando un conjunto de singular belleza, merecedor de su visita.

Situada en el centro del casco urbano, en un entorno en el que los topónimos remiten a la existencia de un antiguo castillo, se encuentra emplazada la iglesia parroquial de Santa Catalina, el edificio más sobresaliente del conjunto poblacional. Data este templo, del siglo XVI, aunque según algunos investigadores debió ser construida sobre una primitiva iglesia templaria de finales del siglo XIII, si bien no se observan restos que puedan corroborar esta hipótesis.

Presenta esta edificación fábrica de mampostería enlucida y encalada, con elementos de granito configurando los esquinazos, portadas, ventanales, óculos y algunos estribos. A los pies se encuentra la torre, de planta cuadrada, sencilla construcción de dos cuerpos separados por pequeñas impostas. En el segundo cuerpo se abre un vano de medio punto en cada lado, donde se albergan las campanas, coronando el conjunto un capitel piramidal del siglo XIX. Existen tres portadas de acceso al templo, encontrándose la de los pies cegada.

Su planta se resuelve en una sola nave, dividida en cinco tramos por arcos apuntados sobre sillares graníticos, a los que se adosan cuatro capillas de diferentes épocas y variadas características. En 1512 se construye la cabecera, de distinta época que la nave; de perfil poligonal, su mayor altura le confiere especial protagonismo, cerrándose con bóveda vaída.

El retablo, de fábrica barroca, con entalladuras de gusto clasicista, policromadas, es obra de Gaspar Ginés y Simón Cosme. La obra, de buena pieza, se desarrolla formando dos pisos sobre banco, cinco calles y ático, ordenación típica de los retablos sevillanos del segundo tercio del siglo XVII.

En el nicho central se encuentra la imagen de Santa Catalina, titular de la parroquia, obra del siglo XIX y realizada en madera policromada. El programa iconográfico constaba de doce lienzos distribuidos por el retablo, de los que perduran ocho, de tema relativo a la vida de la santa, a excepción del cuadro central del segundo cuerpo, que representa la Asunción de la Virgen, así como las pinturas del ático, que son copias decimonónicas de obras del Greco y de Velázquez.

Del lado de la Epístola, se encuentra un importante retablo, compuesto por seis tablas de Luis de Morales. En la sacristía, con entrada a través del presbiterio, de planta rectangular y cubierta con bóveda de cañón, se encuentra un Crucificado de madera policromada, del siglo XVI, de buena factura, así como una cruz procesional del mismo siglo, con brazos florenzados y lóbulos interiores.

Las capillas laterales son cuadradas, con arcos de medio punto en los vanos de acceso, cerradas con rejas de forja, que fueron levantándose progresivamente. A los pies se alza el coro, sobre arco escarzado con balaustrada a la nave. Pieza de interés es su órgano, con muebles de grandes mesulones tallados, construido en 1818 por suscripción popular.

También a los pies, del lado del Evangelio, se encuentra un curioso ejemplar de pila bautismal portátil de loza de Talavera, de brocal gallonado, vidriada en blanco, que en su interior ostenta una pintura representativa del bautismo de Jesús en el Jordán, donada en 1891.

Fruto del legado indiano, destaca en la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, una custodia de plata sobredorada de tipo sol, realizada en Zacatecas (México) en 1662, que constituye una de las piezas más interesantes de la platería novohispana del siglo XVII.

Múltiples donaciones se han realizado a esta iglesia y entre ellas encontramos varias piezas de marfil, como una Virgen con el Niño, un Niño Jesús, con la esfera del mundo en la mano, en la actitud que se ha denominado "Jesús Salvador del Mundo" y una cabeza y unas manos para una imagen de candelero, de similar estilo que los anteriores. Asimismo se conserva una lámpara de plata, obra de 1677.

Situada al Norte del casco urbano, no lejos de la Parroquia, la iglesia de San Bartolomé, en la cual se venera al Señor de la Humildad, es uno de los más bellos templos de la comarca. Fue iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús, fundado en 1666. El claustro que articulaba el conjunto fue destruido hace pocas décadas, y parte de las dependencias del antiguo Colegio se han convertido en Salón de Cultura, Biblioteca y Sala de Exposiciones, todo ello sin romper la armonía del entorno.

El templo responde, en lo que se refiere a la planta y el alzado, a la tipología clásica de la iglesia jesuítica. El material empleado en su construcción es la mampostería, alternando con fajas de ladrillo; las esquinas y la base se refuerzan con sillares de granito. La fachada principal se divide en dos cuerpos por un fino listel. En el cuerpo inferior se abre una portada de severa y elegante traza, compuesta de arco carpanel muy plano, flanqueado por columnas sobre podio y entablamento, todo muy ornamentado.

La planta de la iglesia es de cruz latina, y se compone de una nave más el crucero, una sacristía y el coro alto a los pies. La nave tiene forma rectangular, cubierta por bóveda de cañón con lunetos, con tramos separados por fajones sobre pilastras. En los laterales se disponen las capillas, con arcos de medio punto, sobre las que se levantan doce tribunas con barandillas de hierro forjado, desde las cuales los miembros de la Compañía de Jesús asistirían a las celebraciones religiosas. Por lo que se refiere al crucero, se cubre con cúpula sobre pechinas decoradas con motivos heráldicos.

La iglesia cubre el ábside y los dos frentes del crucero con tres grandes retablos barrocos de distinta época, en los que puede apreciarse la evolución del estilo. El retablo mayor, por sus características y su situación preferencial en la iglesia, debió ser el primero en construirse, pudiendo datarse a finales del siglo XVII. Cubre todo el ábside, se compone de banco, y todavía sigue la estructura clásica de los retablos, pudiendo dividirse en dos cuerpos, tres calles flanqueadas por columnas y remate semicircular.

Distribuidas por el retablo se encuentran varias imágenes del siglo XVIII, de madera policromada, de buena factura. En el costado de la Epístola puede verse otro retablo barroco, pero éste sin dorar, del siglo XVII, dedicado a San Ignacio de Loyola. Del lado del Evangelio existe otro, de madera dorada, fechado en 1739, en el que se encuentra la imagen del Señor de la Humildad, patrón de esta villa, realizada en 1533.

El coro se sitúa a los pies, sobre arco de medio punto y balaustrada, y en él se encuentra un órgano construido en el año 1896. En el aspecto pictórico, destacar el lienzo que se encuentra sobre la puerta del coro, "El Señor servido a la mesa por los ángeles", pintura al óleo, apaisada y bastante grande.

Asimismo, la iglesia guarda una magnífica colección de piezas de plata, catalogadas en los siglos XVII y XVIII, reunidas, en su mayoría, en la exposición permanente inaugurada en el año 1980, en la que pueden admirarse también las magníficas potencias que luce en su cabeza la imagen del Señor de la Humildad, así como otras piezas de extraordinaria valía.

Para los amantes de la naturaleza y el turismo rural, tenemos al suroeste del término municipal veinticinco molinos harineros datados en los siglos XIV y XV. Pertenecientes a un total de lo que primitivamente se cree que pudieron ser veintiocho, se encuentran estos veinticinco de los cuales hay tres que apenas conservan la cimentación, ya que dejaron de estar en uso debido a que su productividad era bastante menor, al encontrarse en terrenos de escasa pendiente.

En cuanto a los tres restantes, es posible que quedasen inundados por la construcción de un pantano en el río Sillo hace unas décadas.

Estos molinos funcionaban gracias a las aguas conducidas por un fuerte muro de piedra procedente del pilar de Gargallón, dispuesto en forma de acequia, y en excelente estado de conservación, sin cortarse en ningún trozo del trayecto y alcanzando en algunos tramos una altura muy considerable.

Se distribuyen los molinos formando una especie de calle que alcanza los 6.500 metros de longitud desde el primero de ellos hasta el último, que confluye en las inmediaciones del yacimiento arqueológico del Castro de Capote.

La mayoría de ellos conservan en su totalidad la estructura original, que varía muy poco de unas construcciones a otras. Así, presentan edificación en una sola planta de forma rectangular, aprovechando el desnivel del terreno para crear distintas cotas en el interior. No obstante, en algunos pueden apreciarse dependencias anexas, adosadas posteriormente a los mismos, que rompen ligeramente con su forma primitiva.

La abundancia de aguas de esta zona hace que nos encontremos con numerosos arroyos, fuentes, lavaderos, etc., que contribuyen a la proliferación de una exuberante vegetación y una gran diversidad de fauna, sobre todo aves, durante el trayecto. Así por ejemplo, en las proximidades de Gargallón permanecen vestigios del llamado Pozo Paula, y de las fuentes de Baden y las Casitas, denominadas así porque en otro tiempo estuvieron cubiertas por bóvedas.

Todo este maravilloso paisaje, unido a la gran afluencia de accesos con los que cuenta, aconsejan su más que recomendable visita por parte de todos aquellos aficionados al turismo rural, y en general, para cualquier amante de la naturaleza y los paseos al aire libre.

El funcionamiento de estos molinos hidráulicos se articulaba con una muela o solera fija de madera y una volandera que descansaba sobre un apoyo de fundición que iba a una barra o árbol vertical. Éste recibía un movimiento de rotación por un engranaje de husillo y descansaba sobre la rangua, cuya altura podía modificarse con el fin de variar la distancia entre las muelas.

La rueda dentada movía el husillo, y éste a su vez era arrastrado a dar vueltas con el árbol por una rueda de paletas, instalada en lugar conveniente y movida por la corriente de agua que caía por una torre cilíndrica llamada cubo.

Otros elementos del molino eran la tolva, de donde caía el grano sobre una caja oscilante, sostenida por unos bramantes, a los cuales comunicaban sacudidas un sistema de palanca. Así, el grano caía paulatinamente al espacio interior de la primera muela, para pasar luego al espacio entre las dos muelas, y de aquí era recogido por un depósito o cajón de madera, constituido por una criba en la parte superior del mismo que dejaba caer la parte fina, mientras que la sémola y el salvado se quedaban encima de ésta.

Y para descansar después de este largo recorrido por todas las zonas de interés, contamos con lugares donde poder comer y alojarse. Así dispone de multitud de bares para el tapeo, típicos de la zona, varios restaurantes, mesones, cafeterías, pubs... y por último para poder dormir el Hotel "La Chácara", Hostal "El Chiquinino" y "Hostal Hernández".


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