Asoc. Jerez-Sierra Suroeste: Pueblos que la componen

Oliva de la Frontera

HISTORIA

Oliva de la Frontera es una localidad olvidada por la historia y los grandes acontecimientos debido a su carácter geográfico y emplazamiento en una línea fronteriza, lo que conlleva a desastrosas consecuencias de guerras y disputas. Todo esto hace que, a la hora de indagar en su historia, sean pocas las fuentes donde poder encontrar información que nos aclare su pasado. Nos encontramos con un pueblo que en su fisonomía urbana es totalmente moderno, debido a las destrucciones a las que se vio sometido.

Sus orígenes se remontan a la Prehistoria y muestra de ello es el sepulcro megalítico de la Pizarrilla, donde se encontró un rico ajuar. Por su término pasó el hombre prehistórico, íbero, celta, romano, visigodo, árabe...

Del período ibérico se han encontrado pocos restos, sin embargo del celta se deducen varios asentamientos todos ellos determinados por la explotación minera así como los caminos y sendas protohistóricos que servían como vías de comunicación entre los diferentes asentamientos.

Denominada Cesaróbriga por los romanos, la razón de su asentamiento fue igualmente la explotación minera, de cuya época encontramos monedas, tumbas y hornos de fundición de mineral.

Del período visigodo encontramos restos arqueológicos en el Santuario de la Virgen de Gracia y en la Ermita de los Navegantes, enclavada en la finca Valcavado, ya que hay unos capiteles idénticos en ambas ermitas que indican la interdependencia y el origen común de su manufactura.

Prueba del período árabe eran las murallas y los numerosos topónimos que dejaron. Fue este pueblo el que cambió el nombre de Cesaróbriga por Oliva, tal vez tomado el olivo.

En 1230, fue conquistada a los musulmanes por Alfonso IX de León quedando integrada en la Orden del Temple que debía encargarse de protegerla. Disuelta esta orden fue llamada Oliva de Jerez, por estar situada junto a esta localidad.

Alfonso IX la donó a Pedro Ponce de León (el viejo), que viendo que sólo había cuatro vecinos en la población, hizo donación perpetua de un importante trozo de su término a los moradores para que lo disfrutasen como dueños absolutos. Posteriormente, Pedro Ponce de León (nieto de Ponce de León, el viejo) la vendió en Sevilla a Gómez Suarez de FEELL igueroa, a cuya casa perteneció Oliva cuatro siglos. En 1402 fundaron Mayorazgo de Oliva de Jerez junto con otras poblaciones pasando a incorporarse al Ducado de Feria que poseería el Duque de Medinaceli. En 1788 se declaró el tanteo de jurisdicción, señorío y vasallaje en favor de los vecinos de Oliva de Jerez.

Durante estos años el pueblo fue sitio de numerosos enfrentamientos y luchas quedando la localidad en ruinas. En 1654 volaron el castillo de seis torreones laterales y uno central, todas las ermitas existentes menos la de San Pedro y la de la Virgen de Gracia, quedando en pie también las fortalezas. Más tarde, en 1706, tras el choque entre españoles y portugueses, éstos volvieron a arrasar nuevamente el pueblo que estuvo totalmente despoblado hasta el año 1713, en el que se procedió a su reedificación.

Fue en 1811, durante la guerra de la Independencia, cuando se estableció en él un hospital del ejército del Sur, que estuvo ubicado en la casa de los Medinaceli y la Ermita de la Virgen de Gracia.

En 1928 se autorizó oficialmente el cambio de nombre del municipio pasando a llamarse Oliva de la Frontera.


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